Viajar, esa afición a la que nos agarramos. Otro a lo que nos agarramos es a ese asiento de tren que nos transporta a mundos desconocidos. Esa sensación sensación de miedo que sientes al pensar lo que dejas atrás se marcha al tocar el cristal con la punta de los dedos. Te sientas y pegas tu cara en el crista, el frío cristal. Como una anestesia que necesitas, se esfuman todos tus miedos y crees que el tiempo no pasa, ese frío intenso en tu piel, esa cara de tontos que se nos queda y esa mirada indiscreta que hace unos segundos, cuando se te ocurrió esta brillante idea, no estaba. ¿Por qué aparece alguien ahora? Te despegas del cristal y aún con las mejillas rojas susurras un vergonzoso "Buenos días". Llevas, nerviosa, tus manos al cuello y encuentras tu botón rojo, perdón, tu frío botón rojo.
Como filosofía de vida tengo la frase "coqueta a ratos, croqueta siempre". Vivo atada a un recuerdo que cosí a un pequeño botón rojo. Escribo cosas sin sentido, sin motivo y sin razón. O tal vez no.