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Otra noche más.

Siento tu corazón latir cuando estás a mi lado. Noto tus suaves dedos deslizarse por mi espalda. Cierran círculos y vuelven a empezar, adoro esa sensación que recorre todo mi cuerpo. Esas cosquillas que me roban dos, tres, cuatro sonrisas en dos segundos. Me pierdo entre estas sábanas azules, enredo mis pies entre los tuyos.  Me doy la vuelta, y miro esos ojos con los que tantas veces he soñado. Siento que el tiempo no pasa al tocar con mis dedos tu cara, es todo un contraste.  ¿Qué sería de mí sin este despertar? Daría lo que fuese por ver esa mirada todas las mañanas de mi vida, por sentir tus cálidas manos en mi cintura, por besar cada tres segundos esos labios. 
Adorad todos este momento porque es único e irrepetible. Es mágico, inolvidable y siempre estará en nuestro recuerdo. Adorad todos a mi querido amigo, el Botón Rojo que nos hace volar y perdernos en mil y una aventuras. En mil y una historias contigo, querido Chico del Botón Rojo.

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En un beso infinito más uno.

Ella caminaba sin destino fijo por esa fría ciudad. Enfundada en ese abrigo amarillo, con esos guantes que aunque pequeños son justo de su tamaño y él, en su mente, claro. Mordisquea el cable de los cascos, mira la hora y parece que no pasa el tiempo. Paseos en soledad, sintiéndolo aunque lejos. Aunque efímero fue intenso, esporádico, sin sentido, sincero. Ella, no sabía mucho de matemáticas, tanto que sin mesura amó hasta quedarse sin reservas porque él dijo: "Yo te quiero hasta infinito más uno ¿tú? ¿Cuánto me quieres a mí?" . Pero nunca llegó a tanto, ni ella ni nadie.   Tantas hipótesis que nunca llegaron a ser investigadas, se quedaron en eso... En "y si..", en ayer.

Se me olvidó como se escribe

Ha pasado tanto tiempo y no sé como empezar; si me gusta lo que hago o si debo retomar aficiones olvidadas que quedaron atrás.  He reído, he llorado, he caído y alguna que otra vez no me he levantado. Quien te quiere te hará sufrir, nunca mejor dicho. Son frases sin sentido.

Mientras duermes

Como todas las mañanas últimamente amanezco tan sola en esta cama tan grande. Lo mejor, duermes a mi lado. Me siento en el borde de la cama y miro hacia atrás y ahí estás, mirando hacia otro lado. Apuesto que te  estás haciendo el dormido. Alguna lágrima cae, pero recordando los días en los que no podía levantarme por tener tus brazos encima mío, esa cárcel de amor tan cálida. Todo eso entre risas, pero eso ahora no es más que un recuerdo. Busco mi ropa esparcida por el suelo, me visto y me siento delante del espejo. Aunque no lo creas yo no puedo apartar mi mirada de ti mientras me pongo los pendientes. Te veo moverte, pero esta vez no me buscas. Esta vez ya no es lo mismo. Recojo todo lo que está tirado por el suelo, paso por tu lado y ni siquiera abres un ojo. Antes me hubieses lanzado a esa cama, entre cosquillas y demás risas nos quedaríamos mirándonos el uno al otro miles de horas. Cuando parece estar todo en orden, lo que a la habitación se refiere está claro , termino d...