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Un chica con un botón rojo.

No soy esa clase de chica que ves y dices: "¡Esta debe ser mía!", lo sé.
Un día me dijeron eso mismo, que tras conocerme gano mucho. Después de quitarme mi coraza, mis gafas y mis manías, tal vez si dejo hablar llame la atención.
Así que esa soy yo, la que deja pasar oportunidades escondida pensando "Hoy no es el día, lo sé".
Ando mirándome los pies, tampoco es que agache mucho la cabeza, no mido mucho. Me da vergüenza incluso respirar por si molesto. Esa soy yo.
Otros días, más bien en los que estudio, me escondo tras dos o tres libros y miro a mi alrededor y no, no me dan envidia. Pero si pienso, ¿Cómo sería todo si yo fuese como ellas?
Luego recuerdo que un día sin pensarlo y sin saberlo apareció él.
Sí, con mis gafas y mi flequillo mal peinado, ahí estaba yo y esta vez no tuve que quitarme las corazas ni dejar de hablar, a él le gustó. Cogió mi botón rojo y sonrío, y yo aún más.

Así que con las mismas y hasta ahora, de momento, no me importa como sería mi vida siendo ellas porque así no habría conocido ni la mitad de lo que conozco, ni hubiese sentido la mitad de lo que siento.
Así que con las mismas, el botón rojo se despide hasta nuevo aviso con nuevas historias y aventuras.

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