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Cuentos

"Mas yo tengo fe en que despertaré y tú me amarás, se hará realidad lo que yo soñé..." Y como siempre me pierdo entre historias de princesas y demás encantadores personajes. Todo parece tan... ¿Real? Pero todo acabará cuando despierte, o ¿no? Doy vueltas en mi cama, estas sábanas azules me hacen creer que realmente estoy cubierta por ese vestido soñado y sin quererlo mis pies bailan al compás de la música. Esa canción. Y así despierto, otro día normal, otro monótono y sin saberlo es el día. Sí, hoy. Ahora sin imaginarlo llevas ese vestido, te sientes tan bonita y al igual que en esa canción aparece él, tu príncipe. Pero esta vez modificamos el cuento, esta vez es El Chico del Botón Rojo. "¿Pero no te acuerdas? Ya nos habíamos conocido antes. Tú misma lo has dicho, una vez en un sueño..."

Sin saber como ha sido.

Sin saber como ha sido, voy a colarme en tu mente. Estás sobre aviso, voy a comerte.

Mudanzas (III)

Ojalá tuviese mi radio aquí y me animase a cerrar por fin todas estas cajas de una vez. Me acerco de nuevo al perchero esta vez con mi copa de vino sin empezar en la mano. Con la mano izquierda toco la suave bufanda, doy un trago largo y suelto la copa en el suelo. Al unísono voy desenroscando tu bufanda del perchero. Aunque en pleno agosto la enrollo al cuello. Aún huele a ti, aún me da ese calor que un día me dabas tú. "¿Recuerdas aquel día? Sí, el día en el que me diste el primer beso, aquel en el que enrollada igual que hoy a tu bufanda me dijiste al irme: "Eh! Te llevas algo mío"  y al acercarme quitando la bufanda del cuello me robaste un beso. Un beso perfecto, un beso largo pero a la vez tierno. Todo en su justa medida. Me acariciaste la cara y me dijiste otro día paso a por mi bufanda"  y te marchaste, al igual que ahora lo único que sé es que ya no volverás a por tu bufanda ni a por otro beso igual que ese. Mientras recuerdo estas cosas tengo apretado ent...

Mudanzas (II)

Doy un sorbo largo de vino, aprieto en mi mano fuerte el botón rojo y tomo impulso. El primer intento en vano, me siento de nuevo. El segundo es el que me lleva a recoger lo último que me une a ti en esta casa pero no sin antes recordar lo que vivimos juntos. Cojo el sombrero,  lo observo y me lo pongo. "¿Recuerdas aquel día de viento? Sí, aquel en el que te empeñaste en llevar sombrero sabiendo bien que saldría volando. Gracias a él nos conocimos. Gracias a que el viento hizo caer un sombrero en mis manos mientras, como de costumbre, caminaba cabizbaja. La sorpresa llegó cuando al alzar la vista vi los ojos que acompañaban a aquel sombrero. ¡Qué recuerdos...!" Qué felices fuimos en ese momento y ahora... ¿Ahora qué nos queda? Vuelvo hacia la butaca, meto el sombrero en la caja y sirvo otra copa de vino. Aún queda tu bufanda de cuadros.

Mudanzas (I)

En esta casa vacía en la que tan sólo quedan una butaca y un perchero, en esta en la que un día inundaron sentimientos y pasiones hoy tan sólo queda eso, soledad y un manojo de recuerdos. Suelto las últimas cajas en el suelo, acaricio esta butaca y me siento por última vez como si fuese la primera y me pierdo entre relatos mentales de historias pasadas. Abro una de las cajas y saco una copa. Sigo buscando entre las cajas y encuentro la botella, sí la última que compramos juntos. Ahora siempre serán las últimas cosas. Me sirvo una copa de vino, observo, doy un trago y pongo mis piernas sobre el reposa brazos. Coloco mi cabeza sobre el contrario y miro hacia el techo, tres carcajadas y dos sorbos de vino. Mi pelo castaño cae por el lateral de la butaca y la suave brisa que entra por el balcón hace que se mueva poco a poco. Me incorporo al rato, suspiro, dos sorbos de vino más y ahí está, el perchero. Nunca fui capaz de recoger tu   bufanda y tu sombrero. Lo miro desde mi murall...

París.

Jugar a no ser nadie. Pasarte el día en la cama. Atrincherarte bajo la manta y crear un mundo irreal y a la vez perfecto. Tomar el té con tus muñecos sentados alrededor de una mesita baja "¿Quiere más té señor Oso? ¿Está suficientemente dulce Señorita Marie?" Es todo tan agradable en tu habitación, es tan grata la compañía de la soledad. Compaginar la rutina con estos momentos es imposible. Después de toda una divertida mañana, vuelves a la cama y todo es calma. Es la hora perfecta para leer, sumergirte en otro maravilloso sueño, una historia sin fin. En este cuento lleno de princesas y dragones siempre hay un salvador, un héroe que consigue apagar la tristeza de ella, de su querida amada. Cierras el libro y ves atardecer. ¿Realmente cuántas horas has perdido aquí metida? El tiempo dejó de marcar tu vida desde que él se fue. Asomada a la ventana ves llover. Sentada en la repisa cuelgan tus pies, algunas gotas caen en tus dedos. Es agradable pero no más que tú. Desde...