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Eso que llaman amor.

Manzanas rojas, como las de Blancanieves, envenenadas con algo que llaman ¿amor? podría ser, sí.
En tus manos está la receta de la secreta poción, en tus caricias la perdición que me lleva a probarla y en la distancia que nos separa el peor de los remedios.
Como ingenua princesa que soy muerdo la manzana y poco a poco su veneno va haciendo efecto, poco a poco mis ojos te miran de forma diferente. Esa sonrisa la primera señal de que la poción ha conseguido su meta.





Y sin dudar me lanzo a por otra manzana, otra brillante y perfecta manzana roja. Me enveneno cada vez más de eso que ellos llaman amor.
El corazón se acelera y por mi mente pasan muchas cosas, entre ellas tu nombre, tus carnosos labios, tu intensa mirada, tus suaves y grandes manos. Es todo tan ¿perfecto? Sí, podríamos decir que sí.
Y esos sentimientos que el veneno despertó, se derriten impacientes viéndote, amándote, deseándote. Sí, deseando salir a buscarte.



¿Dónde estás ahora?
Siempre será así: yo morderé la manzana envenenada, tú pondrás tu mejor sonrisa y el caprichoso destino tejerá su majestuosa red de trampas y mentiras.
Y así es como actúa eso que llaman amor. Bellas princesas que sueñan con ser dueñas de aquel beso de cuento.
Y como una estúpida doy el último muerdo a esa manzana, a eso que llaman amor.

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