Volvemos de un día sin más, ni bueno ni malo, ni maravilloso ni pésimo, sin más un día como otro cualquiera. Sí, monótono también. Tampoco hay mucho que hacer por aquí, las horas pasan, los días se van y vuelven sin cambio alguno salvo algún tropezón contigo o alguna sonrisa que sin pensarlo se posó en mis labios, pero poco más, simplemente es un yo, yo, yo y tal vez un vosotros, pero nunca un tú y yo. A veces triste, otras simplemente aburrido, eso si eres pesimista (mi caso) pero si tienes algo más de optimismo que yo puedes pensar "¿Será hoy el día? ¿Te veré hoy? ¿Daremos un paseo, me cogerás de la mano y dirás que me echabas de menos sin conocerme?". Yo personalmente prefiero pensar que mis días son aburridos, monótonos, simplones por eso el día que pasa algo extraordinario no lo estoy esperando, simplemente ocurre como el día que te conocí. No creo en dioses ni religiones, pero quizás confíe en el destino, en mi amuleto, (sí, él, el botón rojo) y sin duda no se ha equivocado. Lo que quiero decir es que no porque mis días sean aburridos y simplones no sonrío, no salgo y exploro mundo ¡por supuesto! También debía, siempre voy buscando algún camino que me diga "Ey te estás equivocando, tu vida es más interesante de lo que pensabas" de momento la única vía de escape que he encontrado eres tú, ahora sólo queda que tú también sigas mi camino.
Como filosofía de vida tengo la frase "coqueta a ratos, croqueta siempre". Vivo atada a un recuerdo que cosí a un pequeño botón rojo. Escribo cosas sin sentido, sin motivo y sin razón. O tal vez no.